Sé que nuestros caminos se cruzaron, y no fue casualidad. Toparnos en las calles, al doblar una esquina, se convertía en mera casualidad y un poco de rutina quizás. Vernos a lo lejos, pasar por el lado y no mirarnos a los ojos. Sentir esas pequeñas ganas de hablar y decirnos hola. Pensar que compartimos gustos musicales, pero la vergüenza y el miedo nos ganaba.
Pero al aparecer esa red social, a veces odiada por mi, el gran Facebook. Esa cosa se cruzó en nuestros caminos, y de ahí un momento de silencio y observación.
Esperar que pase el tiempo, y comenzar a hablar, desde los árboles, hasta la ropa. Convertirnos en grandes amigos, con confianza y poder con autonomía.
Quizás es como medio patético estar haciendo esto, pero no tiene nada de malo, nada por el estilo.
Somos amigos y listo, pero por qué tantas cosas, tantas palabras, y tanto cariño. Tantos momentos de diversión y risas, no lo sé por qué.
Mejor disfrutar, y no lamentar.



